Enfermedades de la Pleura y los pulmones

Absceso Pulmonar

Un absceso de pulmón es una cavidad llena de pus en el pulmón, rodeada de tejido inflamado, y causada por una infección.
El motivo habitual de la formación de un absceso es que las bacterias provenientes de la boca o garganta son aspiradas hacia el interior de los pulmones, causando una infección. El organismo posee muchas defensas contra tales infecciones, de modo que éstas se producen sólo cuando las defensas se encuentran disminuidas, por ejemplo, durante un estado de inconsciencia o somnolencia debido a sedantes, anestesia, abuso de alcohol o a una enfermedad del sistema nervioso.

La cura rápida y completa de un absceso pulmonar requiere la administración de antibióticos por vía intravenosa o por vía oral.

  • Este tratamiento continúa hasta que los síntomas desaparecen y una radiografía de tórax demuestre que se ha resuelto el absceso.
  • Por lo general se necesitan varias semanas o meses de terapia con antibióticos para lograr una mejoría significativa.

Cuando se piensa que la causa es un obstáculo en la vía respiratoria, se practica una broncoscopía para eliminar la obstrucción.

 

En el 5 por ciento de los casos, la infección no se cura. En algunas ocasiones, se puede vaciar un absceso introduciendo un tubo a través de la pared torácica hasta el interior del absceso. Con mayor frecuencia, el tejido pulmonar infectado tiene que ser extirpado. A veces hay que extirpar un lóbulo del pulmón o el pulmón completo.

 


  Derrame Pleural

Son muchas las enfermedades que pueden acompañarse de derrame pleural, pero pocas las responsables de la mayor parte de éstos. Los derrames pleurales pueden ser el reflejo de una lesión propiamente pleural o bien de un trastorno pulmonar o sistémico.

 

Las causas más frecuentes de DP son la neoplasia, neumonía, insuficiencia cardiaca y tuberculosis.

 

El derrame pleural puede ser asintomático o manifestarse con dificultad para respirar, dolor torácico o tos seca. El grado de dificultad respiratoria dependerá del tamaño del derrame pleural y de la existencia de una enfermedad pulmonar subyacente.

 

  La radiografía de tórax en proyecciones póstero-anterior y lateral suele corroborar la presencia de un derrame pleural, al demostrar una opacidad homogénea que forma un menisco cóncavo con la pared torácica. 

 

El análisis del líquido pleural obtenido mediante punción torácica (toracocentesis) ofrece una información fundamental para confirmar o cambiar el juicio clínico previamente establecido sobre el origen potencial del derrame pleural.